sábado, 25 de febrero de 2012

One more spoon of cough syrup

Life's too short to even care at all
I'm losing my mind losing my mind losing control

Y así voy, dejando espacios en blanco en este pobre y abandonado blog, que nadie lee, nadie toca, nadie siente. Pero bueno, las cosas se dieron así. Se ve que sólo recurro a la escritura cuando estoy triste o perdida. Por eso, una vez más, vuelvo a sostener entre mis manos, esta especie de diario depresivo digital.

Me fui de viaje, un mes, muy lejos de mi casa y de mi país. Los últimos días, no veía la hora de volver, con mi "familia", mis amigos, mis mascotas, mi casa, mi todo. Extrañaba reírme con mis amigos, estar con mi mamá, tomar mates con ella, salir a pasear, ir a lo de mi abuela y escucharla hablar por horas sin parar, simplemente estar en mi casa y estar con mi mamá, e incluso con su esposo, que estando en Buenos Aires, lo único que siempre deseo es que se vaya y desaparezca.
Pero finalmente, llegué a Buenos Aires, me recibieron con un hermoso cartel, que decía "Bienvenida Agos, te amamos!". Estallé en lágrimas y salté a los brazos de mi mamá. Volvimos a casa, y para no ir más lejos. Al día siguiente, me agarró un ataque de depresión y tristeza. No paré de llorar, y todo era por un "estoy confundida, nada más, estoy contenta de estar acá de nuevo, pero me parece raro salir de la rutina que mantenía allá, no es nada". Pero era algo, y era que ya odiaba estar en Buenos Aires de nuevo, y lo único que estaba deseando era agarrar el primer avión que saliera, y volverme a Londres. Lejos, sola, tranquila. A la distancia todo parece más lindo, la familia parece más unida, uno siente hasta que extraña a gente que ni quiere. Y así fue. Otra vez, la horrorosa rutina de mi ciudad, el calor, los colectivos llenos, la mala voluntad de la gente, las discusiones pelotudas que surgen en la casa, los gritos, las puteadas, las ganas de querer que todo sea una tragedia, que todo resulte mal.
Y eso harta. Y destruye. Por un mes, me acordé lo que era vivir siendo feliz, sin preocupaciones, sin miedos, sin ataduras, simplemente viví. Sin gente que te cague tus planes, que te ponga mala cara a tus comentarios, que por más que uno habla nadie te escucha. Todas estas mierdas, uno a la distancia se las olvida, aparentemente. Y me cansé.
Por suerte, este es mi último año en la secundaria. Cuando termine, me prometo conseguir una beca e irme a estudiar a Londres. Sola.
Y voy a dedicarme nada más a ser feliz, a estudiar, a escuchar música, a cantar, a pintar, y a hacer lo que más me gusta, que es sacar fotos. Y no me interesa morirme de hambre. Y tampoco me preocupa morirme del frío. En este momento, no me importa nada. Y la verdad, me entristece, saber que volví a sentirme por un día, por unas horas, como me sentí ya dos - ¿Dos? - años atrás, que fue el tiempo más oscuro de mi vida. Lo único que espero, es no volver a caer tan bajo, como para sentir que la única salida, es lastimarme para sentirme mejor o para sanar las culpas.

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